Los resultados demuestran que tales personas tienen mayor capacidad para sostener su atención en un objeto elegido y que además poseen ciertas habilidades cognitivas y emocionales mucho más desarrolladas que una persona promedio.[1]Ante estos resultados, la comunidad científica se preguntó si dichas habilidades eran realmente producto de un entrenamiento o más bien características especiales de esos individuos.[2] Para contestar esta pregunta, investigadores de los institutos y universidades más importantes del mundo han realizado múltiples estudios con personas de todas las edades y de muy diversos contextos para medir los efectos del entrenamiento de la atención.
En algunas investigaciones los participantes se sometieron a entrenamientos intensivos y en un contexto de retiro, mientras que otras intervenciones fueron más breves y la práctica se incorporó a las actividades cotidianas de las personas.
Los resultados han demostrado consistentemente que la atención es una habilidad que se puede desarrollar con métodos contemplativos, y tanto las áreas específicas del cerebro que se fortalecen como la efectividad del entrenamiento están relacionadas con el tiempo que los individuos los practican.

Reduce el estrés, la fatiga emocional y la depresión. A nivel neurológico sabemos que el entrenamiento de la atención fortalece procesos de autorregulación y neuroplasticidad asociados con la reducción del estrés.[7] Por ello, diversas instituciones están integrando estas
técnicas como un medio efectivo y accesible para disminuir el estrés y sus consecuencias nocivas e incluso para combatir la fatiga laboral y la depresión.[8]
Aumenta la creatividad. Investigaciones sugieren que este entrenamiento disminuye la rigidez cognitiva y aumenta nuestra creatividad para resolver problemas.[9] Una de las explicaciones es que al disminuir el pensamiento obsesivo, podemos dejar ir nuestras ideas preconcebidas, ser más receptivos a nuevas experiencias y por lo tanto abrirnos a soluciones novedosas.
Modifica tu cerebro. Los efectos del entrenamiento se pueden observar como variaciones en la activación de redes y regiones del cerebro, cambios en su estructura, densidad y volumen. Las áreas que se modifican son aquellas relacionadas con la atención, la regulación emocional y la conciencia de nosotros mismos,

